lunes, febrero 08, 2016

Santoña: Historias breves 81-98

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81. Una pared con historia en el Barrio de El Dueso.

La historia del pueblo se esparce a veces por nuestro entorno de maneras sorprendentes. Nos llegó la noticia de que una pared de una casa antigua del Barrio de El Dueso lucía un vestigio de la historia de Santoña,  una bola de cañón de pequeño calibre incrustada en sus piedras.

Tras una pequeña búsqueda y la ayuda de dos vecinos llegamos a la pared en cuestión. El vecino del El Dueso recuerda que la bola de cañón estuvo "toda la vida" en la pared, hasta que fue retirada hace unos siete años.
Hoy queda el hueco dejado por el proyectil, probablemente lanzado en algún momento del siglo XIX contra las defensas del Fuerte Imperial que hasta principios del siglo XX ocupó el espacio hoy destinado a centro penitenciario.

(gracias a Varis y al vecino de El Dueso que ayudó a localizar el lugar)






82. Peña Berana.

Sobre el topónimo "Berana" y su permanencia desde antaño en Santoña...

"como braña o Beranga, puede provenir del latín "verania": lugar fresco y húmedo situado en zonas medias-altas de montaña, donde los pastos verdes abundan incluso en el verano". (gracias al historiador Diegu San Gabriel).





83. El Rey visita Santoña. Decoración del Palacio del Marqués de Manzanedo.

El 10 de agosto de 1908 el Rey Alfonso XIII visita Santoña con motivo de la celebración de la "regata-crucero" Santoña-Santander. El propio monarca participaba con su balandro Corzo, a la postre ganador del certamen. El diario La Época, 11-8-1908, da cuenta del recibimiento dispensado a Alfonso XIII. Merece especial atención la descripción del Palacio del Marqués de Manzanedo, engalanado espectacularmente para la ocasión

"- Su Majestad el Rey, acompañado del Infante D. Luis, marchó á Santoña, á las nueve de la mañana, en el automóvil del Sr. Pombo.

La marquesa de Manzanedo, de acuerdo con el Ayuntamiento, había dispuesto el adorno de la carretera con banderas y gallardetes. A la entrada de Santoña había un arco, con telas de los colores de la bandera española, y en el centro una alegoría de la Industria y el Comercio, con un saludo al Monarca.

El palacio de Manzanedo estaba espléndidamente adornado para recibir á S. M. La marquesa y su preciosa hija María dirigieron personalmente las operaciones, cuidando de los menores detalles. Han hecho venir de Madrid varios tapiceros, y han traído multitud de plantas en colosales macetas.
De Madrid y Bilbao han llegado muchos floristas y jardineros, y á Biarritz y á otros puntos de Francia fueron encargadas exquisitas frutas. Del gran balcón central colgaba un soberbio tapiz repostero de la casa de Manzanedo, con el blasón de la familia.
Los balcones laterales y los demás también ostentaban tapices.
Sobre la repisa de todo el frente de la fachada, debajo de los tapices, había muchas flores. 
En lo alto de la fachada y los muros laterales, y hasta en la verja labrada que da acceso al jardín, se veían adornos de gusto y magnificencia. 
Las tapias del jardín y las cercas del parque estaban adornadas con profusión de banderas de los colores nacionales..Desde la gran puerta había una magnífica alfombra roja, que seguía por el vestíbulo, de mármol blanco. A un lado y otro de la alfombra, por la entrada y luego por el vestíbulo y el hall, hasta el descanso de la monumental escalera, por donde se entra al comedor, había una doble fila de macetones con palmeras y toda clase de arbustos. 
En el comedor se ha variado la decoración, que era de color obscuro. Ahora se ha pintado de blanco, con ligeros adornos de oro, estilo Luis XVI. 
En los ángulos hay, esquinados, cuatro magníficos aparadores de talla, coronados en su altura con el blasón de los Manzanedo 
En el centro, y pendiente del techo, una monumental lámpara de bronce cae sobre la mesa central, que es de roble.
La sillería es tallada, y con las cifras de lujoso bordado sobre la soberbia tapicería del respaldo. Se ha traído la magnífica vajilla de la casa de Manzanedo, de Madrid.
En la mesa y en los testeros hay caminos de encantadoras rosas rojas, todas de un mismo tono de color, que han sido traídas en cajas por jardineros de Biarritz.

Toda la servidumbre vestía librea de gala.
(...)
El pueblo vitoreó al Monarca, y siguió aclamándole
hasta su llegada al palacio de Manzanedo."







84. Santoña, Plaza de guerra en declive.

La importancia de Santoña como plaza de guerra y bastión fortificado entra en decilve en las décadas finales del siglo XIX. Los modernos buques acorazados y los adelantos en la artillería habían hecho insostenible el antiguo valor estratégico de la peña de Santoña y su puerto. 

En 1893 el Capitán Lorenzo de la Tejera analiza las condiciones de la plaza de guerra santoñesa. Todo son juicios negativos. La barra impide el paso a muchos de los buques de combate de la época, el fondeadero del Fraile no es para estos buques el seguro abrigo que había sido durante siglos de navegación a vela... Extraemos a continuación algunos pasajes:

'Para poder hacer ahora el estudio de los buques que podrán pasar la barra, hay que considerar su calado, (...) podrán entrar los que tengan 6",50, ó sean 19 ó 20 pies de calado, y que durante cuatro horas en todas las mareas podrán hacerlo buques de 5 metros, ó 18 pies de calado, no pudiendo llevarlo á cabo á todas horas más que aquellos en que no llegue á 3 metros, ó sean 10 pies en números redondos. Los cruceros españoles Reina Cristina y Alfonso XIII, con 5 metros de calado, podrán entrar y salir durante cuatro horas todas las mareas (...).

Como resumen: ningún acorazado puede franquear la barra de Santoña; tampoco pueden hacerlo la generalidad de los cruceros de 1ª y sí solo parte de ellos y los de 2ª y 3ª clase, aprovechando horas determinadas de la marea, que como no son un secreto para nadie, podrá aprovechar el enemigo (...). 

Basta lo dicho para juzgar de la importancia que, militarmente considerado, pueda tener este puerto, pues si su entrada es tal que no pueden pasar buques de grandes calados y no tiene espacio para que fondeen más que limitadísimo número de ellos ¿qué le queda? En nuestro juicio, nada, ni aun porvenir (...).

No queremos hacer ver con lo dicho que Santoña deba abandonarse por completo. Creemos que con lo hecho hay base, sin necesidad de mayores gastos, para defender el puerto, pues algunas de las baterías existentes, por su posición y conveniente elevación sobre el nivel del mar, pueden impedir perfectamente la entrada en él con solo mejorar algo su artillado".




Crucero de 1ª clase "Reina Cristina", construido en El Ferrol en 1887. Fue el buque insignia de la flota española en Filipinas y en la guerra hispano-estadounidense. (fuente)


Documentación: Importancia militar actual de la plaza y puerto de Santoña, capitán D. Lorenzo de la Tejera, 1893. 





85. El joven marinero santoñés Daniel Rodríguez condecorado por salvar la vida de su compañero en 1916.

Recogemos esta nota publicada en octubre de 1916 en "Vida marítima".

"Santoña. - Imposición de una medalla. - En los salones de la Sociedad de Mareantes, se ha celebrado con gran solemnidad la imposición de la medalla de salvamento de náufragos, entrega del diploma y cuarenta pesetas en metálico, premio otorgado por la Sociedad de Salvamento de Náufragos, al joven marinero de esta matrícula Daniel Rodríguez, que el día 1 de Mayo último salvó en alta mar á su compañero José Fuentes, cuando iban los dos á la pesca, con otros doce compañeros, en el vapor "Armonía".

Asistieron al acto todas las autoridades civiles y militares. El alcalde, don Julián del Val, después de unas elocuentes palabras, impuso la medalla al joven Rodríguez, siendo después obsequiados los concurrentes con un espléndido lunch".



Descarga de pescado en la dársena santoñesa a comienzos del siglo XX (el edificio a la izquierda es el llamado Cuartel del Presidio, la cárcel instalada al borde del muelle viejo, en funcionamiento hasta 1924).




86. "El jinete maldito", una leyenda de Santoña.

Santoña también tiene leyendas. Recogemos a continuación una de ellas a título de curiosidad. Fue publicada en 1953 por el filólogo y folclorista Vicente García de Diego; desconocemos cuál pueda ser la fuente de la que fue tomado este curioso relato.

La leyenda (hay que remarcar que se trata de una) cuenta la existencia de un castillo "en el más alto acantilado de la costa cántabra", habitado por don Rodrigo de los Vélez hacia los siglos XII-XIII. Lo cierto es que la primera referencia histórica conocida de la existencia de un castillo nos lleva al de San Martín (una batería de principios del s.XVII, posteriormente castillo y fuerte). Creemos que las únicas ruínas a las que pudiera referirse la leyenda son las de la Batería de San Felipe, levantada hacia 1750, y en efecto situadas en lo alto de un acantilado, en uno de los puntos costeros accesibles más elevados de la peña de Santoña. Otra posibilidad es que la leyenda tenga un origen medieval, en cuyo caso las ruínas citadas serían las de una obra no documentada históricamente.

"En el más alto acantilado de la costa cántabra, cerca de Santoña, hay un castillo en ruinas. Cuenta la leyenda que habitaba este castillo, en tiempos remotos, don Rodrigo de los Vélez, esforzado campeón de la Santa Cruz, cuyas mesnadas habían combatido y vencido en diversas ocasiones a los más bravos emires.

Este caballero casó en segundas nupcias con una joven y bella dama, llamada doña Dulce de Saldaña, y en su castillo tenía a un prohijado suyo, don Íñigo Fernán Núñez, hijo de un lejano deudo del caballero. Los parientes, deudos y amigos de don Rodrigo de los Vélez habían advertido varias veces al caballero que no era cristiano ni prudente cobijar bajo el mismo techo a dos personas de distinto sexo y de la misma edad; pero él fiaba en que la gratitud de Íñigo sería la salvaguardia de su propio honor.
Un día, el rey de Castilla envió a un propio en busca de don Rodrigo de los Vélez, ordenándole que reuniera de nuevo su mesnada y se fuera a combatir a los moros. Cumplió el caballero esta orden, dejando a su esposa doña Dulce y a su prohijado don Íñigo en el castillo de Santoña.
Un año después llegó al castillo la noticia de que la mesnada de don Rodrigo había sido vencida por los sarracenos, y el caballero, hecho prisionero.
Doña Dulce, al recibir estas tristes nuevas, cayó en un estado de inconsciencia que la dejó indefensa contra la maldad y el egoísmo de don Íñigo, quien se apoderó del castillo, arrogándose el señorío de la fortaleza y sus tierras.
No contento con haber despojado a su dueña y señora de todas sus riquezas, se enamoró de ella y pretendió hacerla suya.
Una noche, penetró en su camarín y la encontró rezando ante la imagen de San Rafael. Por una rara coincidencia, doña Dulce se hallaba en uno de sus pocos momentos de lucidez.
Al comprender lo que don Íñigo esperaba de ella, la dama huyó del camarín y subió a lo alto de la torre del homenaje. Hasta allí siguióla Fernán Núñez, que forcejeando, quiso llevarla al interior de la fortaleza. La dama, prefiriendo la muerte al deshonor, desenvainó la daga que pendía del cinto de Íñigo y la hundió en su propio pecho. Éste, despavorido, quiso huir del terrible espectáculo, dando unos pasos hacia atrás. El huracán silbó entonces con más fuerza, y el traidor se precipitó al abismo, sumergiéndose en lo profundo del mar. En el momento de caer se oyó la voz de la moribunda que le maldecía y le condenaba a "existencia eterna".
Desde entonces, y en las noches en que el huracán silba a través del acantilado, y en medio de las ruinas del castillo, se ve a don Íñigo que, montado en un gigantesco delfín, surca el mar embravecido en una carrera desenfrenada".


Peña y Fondeadero del Fraile, acantilados contiguos por el sur a la Batería de San Felipe, el emplazamiento al que tal vez pueda hacer referencia la leyenda.



Extraído de Antología de Leyendas de la Literatura Universal
seleccionadas por D. Vicente García de Dieg
o, 1953.



87. "Pinraca"

De la prensa de 1923 (diario "La Voz", Madrid) rescatamos la crónica del recibimiento que Santoña dispensa a las tropas del Regimiento de Andalucía a su regreso de la Guerra de Marruecos. Calles engalanadas, embarcaciones disparando cohetes y hasta la mascota "Pinraca" siendo paseada por las calles del pueblo, tras "combatir" en la campaña de Melilla. La escena nos habla de la importancia que seguía teniendo para Santoña la actividad militar y la presencia de una guarnición, por mucho que la plaza hubiese entrado en declive desde finales del siglo XIX.


Santander tributa un gran recibimiento al batallón de Andalucía repatriado

Santander 29-11-1923.

"En tren especial llegó esta tarde el batallón del regimiento de Andalucía, de guarnición en Santoña, repatriado de África.
Los expedicionarios fueron recibidos por las autoridades militares
y civiles y numeroso público. 
Un gentío enorme, que llenaba los andenes de la estación del Norte y el recorrido de la línea hasta fuera de agujas, ovacionaba y vitoreaba al tren especial con grandioso entusiasmo. Inmediatamente salieron en un tren especial para Santoña, donde llegaron a las seis de la tarde. 
Vaporcitos mercantes y pesqueros, que habían salido a buscarles a la estación, entraron en el puerto de Santoña, empavesados, tocando las sirenas y disparando cohetes en honor de los repatriados. 
Formadas las fuerzas en el muelle, el coronel del regimiento de Andalucía les dirigió la palabra en tonos de patriotismo, sintiéndose orgulloso de tener el mando de un regimiento que ha escrito un historial de gloria en la campaña de Melilla.
Desde el muelle se dirigieron las fuerzas y enorme gentío a la iglesia parroquial, donde se rezó una salve ante la Virgen del Puerto, Patrona de la villa. 
Todas las calles aparecían engalanadas con banderas españolas y farolillos a la veneciana.
Con el batallón ha llegado un perro, llamado "Pinraca", considerado como la mascota de las fuerzas de Andalucía, el cual ha hecho toda la campaña de África desde 1921, tomando parte en cuantos hechos de armas entraba el batallón.
EI paso del perro por las calles de Santoña, llevado por un soldado, ha constituido un gran espectáculo."

Tropas españolas combatiendo en Marruecos, 1921.



88. Un casquillo, una guerra y un baño en el Pasaje.


Si te das un baño veraniego en el "Pasaje" puede suceder que frente al "Brisa" te encuentres por ejemplo este pedazo de historia: un casquillo de bala que nos recuerda la Guerra Civil.

"Yo debía tener como 11 años. Los vascos eran cientos, miles, con boina, capazo y todo armados, iban por todo el pasaje y los muelles. Lo que más recuerdo es que en un momento dado muchos arrojaron todas sus armas y municiones por la escollera, directo a la bahía."

(testimonio de Luis Muñóz, miembro de Rehisan y amante de Santoña y su historia, a quien mandamos un fuerte abrazo).

El episodio recordado por Luis no es otro que el punto culminante del llamado "Pacto de Santoña". Sucedió en la tarde del 26 de agosto de 1937. Unos 15.000 hombres, el ejército vasco y los dirigentes del gobierno vasco, tratan de escapar por mar desde Santoña. La entrada de los camisas negras italianos y las tropas franquistas determinarán el fracaso del pacto que los vascos habían alcanzado, de manera endeble, con autoridades del Vaticano, y prácticamente en secreto.







89. Una puesta de sol y un castro cántabro.

Desde Santoña, subidos a su monte, no olvides que podemos contemplar varias elevaciones donde los cántabros de hace dos mil años, y más, asentaron sus poblados fortificados, o "castros".

Un ejemplo, si miramos hacia el oeste observaremos el emplazamiento del Castro cántabro de El Cincho, sobre la población de Soano, Arnuero. Los restos de su recinto amurallado esperan en pleno siglo XXI a ser "puestos en valor" por la administración y a ser conocidos y valorados por los ciudadanos.

Nota: en 2015 BVS ha comunicado al Ecoparque de Trasmiera, Arnuero, la existencia de este castro cántabro en el monte Cincho. Las visitas con colegios que el Ecoparque organiza obviaban su existencia. Por desgracia era desconocida por completo para los gestores del ecoparque. Hemos obtenido de la dirección del ecoparque el compromiso verbal de que el castro sería divulgado entre los grupos visitantes, con posibilidad de contemplar los vestigios (un pedregal de hasta 12 metros de anchura) de los muros del poblado fortificado.








90. El Hospital Militar de Santoña: Cada piedra, una historia.

Autor: José Fernández, Coronel del Ejército de Tierra.


En el Antiguo Hospital Militar de Santoña existen valores de todo tipo (culturales, técnicos, sentimentales, históricos...) que engrandecen el poco o mucho valor (técnico, artístico, urbanístico, constructivo) de las piedras de TODO el edificio. Tres botones de muestra, además de las muchas expuestas por BVS, que están entre sus paredes: 

-El General Ángel Ramos (1904-1996) publica el Diario de su vida militar y fue destinado a la Farmacia Militar de Chafarinas en los años veinte del siglo pasado y relata: " Por aquella farmacia pasaron la flor y nata de la oficialidad farmacéutica de un siglo. Primeramente fue presidio mayor, el lugar posteriormente fue destinado a Hospital. En un papel pergamino estaban todos los farmacéuticos que prestaron servicio, con la fecha de incorporación y el cese. Entre ellos estaba Don Ladislao Nieto Camino, el General que estaba en mi fecha de ingreso." Pues bien, en 1899 el General Nieto estuvo como Farmaceútico Primero en el Hospital Militar de Santoña. 

-José Ramón Almazán Jorcano, (1882-1956). Sacerdote natural de Odón (Teruel) que destacó por su obra poética, autor de varias publicaciones religiosas y habitual colaborador de diversas gacetas cristianas. De 1924 a 1928 estuvo en el Hospital Militar de Santoña como Capellán Castrense. De entonces, hay una foto en el jardín delantero del Hospital con el cuadro directivo y ejecutivo y un cartel al fondo, sobre el dintel de la puerta que pone "Hospital Militar".

-En 1921, año del Desastre de Annual, fue destinado a Melilla como Jefe del Equipo Médico nº 5 el Comandante Médico D. Eduardo Sánchez-Vega Malo del Hospital Militar de Santoña que años después sería Director del Hospital Militar de Carabanchel.

Un médico, un farmaceútico y un capellán para ilustrar el valor de la Historia. Sólo unos ejemplos, y no los más importantes, para significar parte de la vida de un Bien de Interés Cultural, que debe defenderse en su integridad.

Un edificio es patrimonio arquitectónico cuando posee un valor cultural, un valor técnico, un valor sentimental, urbanístico, histórico y un valor artístico. La calidad del patrimonio no está ligada al coste de la obra, más bien a la importancia que posea en los valores citados.

Un inmueble declarado Bien de Interés Cultural es inseparable de su entorno. (Art.18 de la Ley 16/1985, de 25 de Junio del Patrimonio Histórico Español (BOE de 29 de Junio de 1985).

Imagen: Revista Monte Buciero 



91. Explosión en una cueva: un muerto y un herido (Santoña,1903)

Encontramos en el diario El LIberal, "el periódico de mayor circulación de España", tal como reza su cabecera, la siguiente noticia (13-12-1903):

"Santoña: En una cueva situada detrás del cuartel de infantería se hallaban colocando dos cajas de pólvora el vecino de esta localidad Alejandro García, acompañado de un hijo suyo y de otro muchacho. Explotaron aquéllas, resultando muerto el muchacho llamado José Pérez, que el díaantes había llegado en busca de trabajo, y el hijo de García con quemaduras gravísimas."


¿De qué cueva se trata?
La cueva a la que puede hacer referencia la información publicada por El LIberal no es fácilmente localizable hoy en día. En primer lugar, hay que tener en cuenta que por estas fechas Santoña contaba con dos acuartelamientos para infantería, el de San Miguel (ya en estado de decadencia a primeros del siglo XX) y el Cuartel del Sur (aún en funcionamiento en nuestros días como Patronato Militar Virgen de Puerto). Conociendo la gran cantidad de abrigos, cuevas y covachos con que cuenta el monte santoñés, también en el entorno más o menos inmediato de estos dos cuarteles, se hace tarea imposible dilucidar qué cueva fue el escenario del desgraciado accidente de 1903 recogido por El LIberal. Es más, algunas de estas cavidades han quedado cegadas, o bien están hoy en día taponadas por bardales y maleza, o bien han desaparecido por los trabajos de extracción de caliza en las canteras de las faldas del Buciero.

Tal vez tenga sentido que la noticia se refiera al Cuartel de San Miguel, orientado de tal manera que el monte Buciero en efecto quedaba a su espalda (su espacio lo ocupa desde los años 50 del pasado siglo el edificio de viviendas que queda entre las calles San Miguel-Prim-Rey). De ser así, podríamos apuntar este pequeño covacho como posibilidad, si bien no sabemos hasta qué punto la explosión de dos cajas de pólvora pudiera haber desmoronado por completo la cavidad. Lo cierto es que este covacho coincide con los datos ofrecidos por El Liberal, incluso llama la atención la cantidad de piedras desmenuzadas que ciegan parcialmente el interior de la cueva. Hoy en día esta cueva está convertida en una escombrera y acaba de "quedar libre" tras ser ocupada durante años por vecinos.



Cueva tras el antiguo Cuartel de San Miguel. ¿Pudo ser la cueva de la explosión?



92. Canteras de Santoña.

El monte santoñés ha servido desde tiempos inmemoriales como fuente de aprovisionamiento de roca caliza. Basta echar un vistazo a las escarpadas faldas de la montaña vertientes sobre el casco urbano, o a la gran cantera de Quintana-Sorbal, o al entorno de la playuca de San Martín, o a las explotaciones en el camino general que ronda el peñasco, para caer en la cuenta de la gran cantidad de brechas dejadas por esta actividad a lo largo de los siglos. Caliza para nutrir las necesidades de vivienda y fortificación, escolleras, muelles; roca para levantar iglesias, presidios, torres y palacios. Rescatamos del olvido esta imagen de los primeros años del siglo XX tomada en alguna de estas canteras santoñesas.






93. Los rostros del Hospital Militar de Santoña.

Por el Hospital Militar de Santoña pasaron los servicios de sanidad del Emperador Napoleón. Entre sus muros dejan su vida muchos cientos de soldados del ejército invasor, en el periodo 1811-1814. Durante gran parte del siglo XIX, y hasta 1927, el edificio que conocemos como Palacio de Chiloeches pasa a albergar el Hospital que el ejército español tuvo en la plaza de guerra santoñesa. Los mejores cirujanos, farmacéuticos y boticarios militares de España rendirán a lo largo de las décadas en la majestuosa casa-palacio.

Pongamos cara a uno de estos hombres, pues será como ponérsela al edificio. Pongámosle una cara, ahora que, pese al dictado de la ley, es presa de una operación inmobiliaria descabellada que pretende borrar sus miles de caras. El desatino vil de arrasar la historia y la cultura de un pueblo. De poner en su lugar cinco plantas de cemento y ladrillo. Este rostro del Hospital Militar de Santoña es el insigne farmacéutico don Juan Gamundi Ballester (1870-1952).

Renombrado conferenciante y autor de trabajos científicos como el "Estudio químico-biológico de las aguas de Palma de Mallorca"; Gamundi destacó por su servicio en Filipinas, donde fue destinado a los hospitales de Iligan, Zamboanga y Marahui. En octubre de 1894 es destinado como farmacéutico segundo al Hospital Militar de Santoña. Actualmente da nombre a una calle en su población natal, Muro (Islas Baleares).

Retrato de Juan Gamundí Ballester, hacia 1930. Archivo de la Real Academia Nacional de Farmacia.





94. Un lugar increíble: la Playa de San Carlos.

Santoña presume de contar con un lugar increíble que por capricho de la naturaleza sólo es visitable durante unas horas a lo largo del año. Es un extenso y virgen playón ceñido a la peña de Santoña, más allá de la fortaleza de San Carlos. Si nos acercamos a sus arenas podemos descubrir un gran número de cuevas marinas y tremendos acantilados coronados por cavidades en las que quedó grabada la presencia humana desde hace 14.000 años.


Así explica el Teniente Coronel de Ingenieros Ramiro de Bruna ("Santoña Militar", 1894) la formación de la Playa de San Carlos:

"La corriente de flujo transporta arenas arrancadas de los bancos de la barra, por las rompientes, hacia las pequeñas playas de San Carlos y San Martín, hacia el puntal del Pasaje y hacia las marismas de Cicero y Arenilla, en cuyas puntas, lindantes con el fondeadero aparece la arena limpia de la barra."






95. Los verdugos de San Sebastián en el Retablo de San Bartolomé. Iglesia de Santa María de Puerto.

Los verdugos de San Sebastián se alejan del escenario del martirio. Detalle de una de las tablas pintadas del Retablo de San Bartolomé, en el templo santoñés.

Durante décadas se creyó que la firma que aparece en las tablas -Petri Nicolai Moravli- hacía referencia a Pieter Nicolás de Moor. En la actualidad, los especialistas consideran probado que las tablas del Retablo de San Bartolomé son obra del artista flamenco, establecido en Brujas, Pieter Claeissen "el Viejo", en 1560.

El origen de estas pinturas nos recuerda el intenso tráfico comercial y artístico entre los puertos cantábricos y Flandes, a lo largo de la Edad Moderna. La obra que Claeissen "el Viejo" dejó en Santoña está considerada a la altura de la mejor pintura flamenca de la época..






96. Laredo y Colindres: a tiro de cañón de Santoña.

Cabe suponer que la actividad militar de la plaza de guerra santoñesa trajo consigo más de un accidente que afectó a la población.

De 1890 rescatamos la noticia de unas prácticas de tiro que causan un muerto en Colindres, un padre, o un hijo, según las dos versiones que publica la prensa de la época...


El País 
30-10-1890

"No hay como un simulacro de combate para juzgar de la pericia de un jefe y de la precisión y alcance de un armamento.
Las maniobras que se realizan en Santoña llaman con justicia la atención de las gentes y mucho será que no acudan a presenciarlas los más insignes tácticos extranjeros.

Nuestros cañones hacen prodigios.

El día 22, sin ir más lejos, en el ejercicio de tiro al blanco en las baterías de aquella plaza, una pieza hizo un disparo tan certero sobre el vecino pueblo de Colindres que, penetrando la granada por un tejado, despedazó a un pobre hombre, llamado Magdaleno Martínez, padre de siete niños.
Con que ya ven ustedes si tenemos ojo.
Se habla de una mujer alcanzada por otro proyectil en Laredo, pero el primer hecho basta para acreditarnos de valientes.
El jefe que manda las maniobras de Santoña lo menos que se cree es que asiste a la batalla de Plewna.
Con tal entusiasmo toma eso de bombardear las aldeas colindantes.
A seguir por ese camino, el mejor día se equivoca y en vez de un proyectil se mete a sí mismo dentro de un cañón, y se dispara. ¡Ay! Si al menos fuese a parar donde nosotros dijéramos."

El Liberal 
29-10-1890

"Han empezado las prácticas de tiro al blanco en las baterías de la plaza de Santoña, ejercicios muy necesarios tal vez y de ordenanza (...). Las líneas de tiro, particularmente de una pieza en dirección al barrio de la Pesquera, que se halla entre Colindres y Laredo, y cuyas casas se encuentran diseminadas en el trayecto (...) hicieron ayer presagiar alguna desgracia.
Ya desde la tarde se hablaba de sustos, y había quien decía que los proyectiles habían pasado por encima de los edificios.
Hubo quien recogió alguna granada que cayera cerca de las casas, y se temía, no sin fundamento, que sucediera alguna desgracia. 
Hoy, entre las doce y una, un proyectil, penetrando por el tejado de una de estas moradas, ha venido a sembrar el luto en una familia. Magdaleno Martínez, que creo debe tener siete hijos, el mayor de los cuales era la esperanza de esta familia, y que aún no contaba dieciseis años, ha sido destrozado por una granada cuando bajaba las escaleras para ayudar a su padre, que llegaba del trabajo. Horriblemente mutilado su cuerpo, apenas si presenta forma de ser humano.
Es difícil detallar la escena que ha seguido a la explosión entre aquella familia.
A última hora se dice que hay otra víctima: una mujer cogida por otro proyectil. No podemos garantizar la noticia."


Artillería realizando prácticas en el Pasaje, 1922.



97. Fuga del antiguo presidio santoñés, 1895.


Del periódico "El reservista" 1-2-1895 extraemos la noticia de una llamativa fuga del antiguo presidio santoñés. El llamado "cuartel del presidio" se situaba al pie del "muelle viejo". Hasta ser desmantelado en la segunda década del siglo XX fueron contínuas las informaciones en prensa denunciando el lamentable estado de las instalaciones y las condiciones de hacinamiento a las que se enfrentaba la población reclusa. Son frecuentes las noticias de fugas, asesinatos entre penados, agresiones... 

"Metido en un cajón de calzado logró, hace unos días, evadirse del presidio de Santoña un penado. Cuando el cajón llegó a la casa donde iba destinado, vieron con asombro que, como una de esas cajas de sorpresa que tienen dulces y un muñeco con resorte hace saltar la tapa, al ir a tomar dulces, del cajón saltaba un hombre que salió fugado y con vertiginosa carrera. Ajustó un coche y se puso en marcha, pero no había contado con la huéspeda, y aquí la huéspeda era la Guardia Civil.
Avisada la de los puestos de Santoña y Laredo, salieron parejas de ambos puntos para el único por donde podía salir el penado, para la barca de Trero. Y en efecto, allí se encontraron los guardias de uno y otro puesto y allí atraparon al fugado, que efectivamente, venía en un coche que había alquilado."

Patio del Cuartel del Presidio. Las columnas de metal que aparecen en la imagen fueron reutilizadas en 1924 en la construcción del famoso "templete" en la Plaza de San Antonio..




98. El increíble viaje alrededor del mundo de un marino santoñés de 14 años (1789).

Se llamaba Carlos López. Nace en Santoña en 1775. Su vida sirve para representar la de cientos de navegantes santoñeses, salidos de estas tierras para enfrentarse con arrojo a los mares y entregar sus años al comercio de cabotaje, o al servicio en la Real Armada. No olvidemos que desde tiempo inmemorial Santoña ha sido especialmente un pueblo de navegantes, la pesca fue siempre una actividad económica complementaria. Los nombres de cientos de estos hombres, sus apasionantes aventuras y miserias, han quedado olvidadas en los siglos. No llegaron a alcanzar el renombre del cartógrafo y conquistador Juan de la Cosa, el Teniente General Ramón Ortíz Otañéz, el Capitán de Mar y de Guerra Bartolomé de Castro, o el Teniente Coronel Serna y Occina, destacado en la Batalla de Trafalgar,, o el jefe de aquella mítica expedición a la Isla de Pascua y combatiente en la Batalla de Cartagena de Indias, Felipe González Ahedo. (sólo por citar 5 de entre muchos).

Carlos López es un buen ejemplo de la vida que llevaban estos hombres. Solían enrolarse en la marina siendo niños. En 1789, con 14 años, participa en un viaje increíble de 5 años, la llamada Expedición Malaspina.. Zarpa con las corbetas Descubierta y Atrevida y navega por Asia, África y América. A su vuelta la expedición regresó con una impresionante colección botánica y de minerales, y gran cantidad de información, planos, etc, El santoñés Carlos López posteriormente se estableció en América y se dedicó al comercio, perdiéndose la pista de este hombre.

El viaje de Carlos López..

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