martes, septiembre 15, 2015

BVS DIVULGACIÓN HISTORIA DE SANTOÑA 41-50

(BVS Divulgación Historia de Santoña 1-10)





BVS DIVULGACIÓN 41. El Molino de Tarancones.

La imagen se corresponde con los vestigios de uno de los cuatro molinos que la villa llegó a tener. Está situado en el sitio de Tarancones, paraje denominado hacia 1635 del "Arcillero". De este año es la primera referencia de la existencia del molino de Tarancones (su origen pudiera remontarse siglos atrás).
Se conserva un buen tramo de la represa hecha de piedra. Es sabido que dos de los molinos santoñeses (éste y el situado en el paraje de Campo Raso) presentaban la peculiaridad de tener sus represas construídas en parte con materiales endebles, juncos, tierra, ramas y estacas obtenidas del monte santoñés, lo cual obligaba a constantes reparaciones. Ambos eran del concejo ("del común de la villa") y se arrendaban conjuntamente en un acto celebrado en el ayuntamiento, en presencia de escribano. Una vela era encendida y en el tiempo que tardaba en consumirse los interesados realizaban las pujas para quedarse con el arriendo del molino.

En 1763 el Molino de Tarancones aparece descrito como un ingenio con ocho ruedas de molienda.
Las mujeres eran las encargadas de las labores necesarias para moler el trigo y el maíz. Como era preciso aprovechar también las mareas nocturnas, el concejo santoñés llega a promulgar la prohibición de que los hombres "bayan ni se detengan en los molinos". El único autorizado era el marido "por no tener con quien ir su muxer la baya acompañando y dexandola en el molino se buelba en derechura a su casa, pena de ocho reales y mas que por derecho se siguiere".

Hacia 1920 se conservaba en pie el edificio del molino de Tarancones, desconociéndose si aún estaba en uso.






Datos históricos tomados del artículo 
"Los molinos de la villa de Santoña", Rafael Palacio.



BVS DIVULGACIÓN 42. El Hospital Militar de Santoña en tiempos de la ocupación napoleónica.

La Casa palacio de Maeda, más conocida como del Marqués de Chiloeches, inicia su larga historia como Hospital Militar en tiempos de la ocupación de Santoña por los ejércitos de Napoleón.

La información disponible permite asegurar que a principios del siglo XIX la familia Isla es la dueña del inmueble. Los partes militares franceses describen las tensiones y negociaciones diversas que surgen con el "Empresario", el Sr. Isla, a todas luces un negociante duro de pelar. Así aparecen descritos los inicios del Hospital Militar Santoñés...

"Hospital. Este establecimiento fue instalado en Octubre (1811) en la Casa de Isla, la única que era susceptible de recibirlos: el gran número de enfermos ha hecho desear establecer una sobresala; pero la falta de local y de utensilios lo ha impedido, y que el Empresario se ha negado porque se le paga con poca exactitud y que con mucho trabajo ha seguido su empresa en un país que presenta pocos recursos, y no ha querido a pesar del beneficio que le puede resultar contratar obligaciones mayores, y no estamos en el caso de forzarle, porque por querer tener un hospital mayor estábamos expuestos a un petardo y quedarnos sin ninguno".

La plantilla del hospital aparece así descrita en septiembre de 1812...

"El hospital se compone, de un médico, cinco cirujanos, cuatro boticarios, un director, un mancebo para los servicios reunidos, un guarda-almacén, dos ayudantes guarda almacenes, un director de correos, y en general, me lisongeo de la Administracion".

Se estima que la guarnición francesa en Santoña necesita un establecimiento hospitalario para unos 150 enfermos. El Hospital Militar-Casa palacio de Chiloeches cubrirá esas necesidades, no sin estrechez y falta de medios, en una plaza de guerra fuertemente bloqueada por tierra y mar desde mediados de 1812. El siguiente párrafo de la correspondencia salida de Santoña en mayo de 1812 facilita imaginar las condiciones y las escenas que pudieron reproducirse en el interior de este inmueble histórico.

"La casa de Isla dedicada a éste establecimiento, es la mayor y la que reúne las condiciones necesarias; en fin la única en Santoña: no obstante sólo pueden colocarse 120 enfermos y no se ha podido conseguir colocar hasta 160 a no ser que se pongan unos sobre otros, y ocupando los techos bajos e incómodos donde los enfermos están muy mal; hay unas huertas contiguas a la casa, en las que se podían a poca costa construir barracas, si se pudiesen lograr los materiales necesarios. Las salas no se pueden purificar ni blanquear, porque no hay ninguna pieza donde pasar a los enfermos: esta circunstancia, y el mucho número de ellos, puede ser la causa de la mortandad que se ha experimentado en estos quatro meses".

Nota: el Hospital Militar está actualmente amenazado por una operación inmobiliaria contraria a ley, apoyada desde el Ayuntamiento. Triste legado de cenizas y cemento el que se quiere dejar a los que vendrán.





El edificio es levantado hacia 1690 por el arquitecto asturiano Francisco Menéndez Camina, por orden de 
don Juan de Maeda del Hoyo, abogado de los Reales Consejos.





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BVS DIVULGACIÓN 43. Santoña y los estudios sobre su historia en el siglo XIX.

A lo largo del siglo XIX son publicados un buen número de estudios sobre Santoña, la mayoría de ellos firmados por militares destinados en la plaza. Su lectura es más que recomendable. Todos ellos tratan de recopilar la historia de la villa desde la perspectiva de su tiempo, sin embargo en ocasiones dan cabida a supuestos sucesos históricos poco menos que inventados, ecos de los cronicones medievales y tradiciones con escaso o nulo fundamento histórico. De esta manera, a la riquísima historia de Santoña se le añadían sucesos pintorescos imposibles de comprobar, pero que contribuían a reforzar la imagen casi mítica de una Santoña que, en efecto, siempre fue un lugar estratégico codiciado por invasores. 

Un ejemplo es "Compendio de la historia antigua y moderna de Santoña", de Manuel de Prida y de la Carrera. En esta obra de 1850 se asegura que los griegos comandados por Hércules el Tevano arribaron al puerto santoñés en la nave "Argos" y fundaron la población de Argoños. Podría decirse que era un modo de rellenar las lagunas que la historia de Santoña presenta, ensalzando a la vez esa imagen mítica de puerto codiciado siglo tras siglo.

La obra de Prida relata nada menos que un asentamiento de los cartagineses en Santoña, con una supuesta gran fortaleza cartaginesa en lo alto de Montehano (hoy sabemos que la cumbre de Montehano conserva vestigios de una torre y su recinto defensivo, levantados en el siglo XIV, muy lejos pues de los cartagineses, cuya presencia en estas tierras por otra parte, no se sostiene en prueba histórica alguna).

"No dejó de alcanzar aquí el genio especulador de los cartagineses, aprovechándose de la comodidad de este puerto para la navegación y comercio y del espíritu esforzado, a la vez que sencillo, de sus primitivos habitantes: parte de la armada del general cartaginés Hanon, que discurrió por las riberas del Océano, entró en Santoña; y entonces tuvo lugar la edificación de un castillo, cuyas ruínas todavía existen, sobre la cúspide casi inaccesible de un monte de figura cónica, rodeado de mar, al Oeste y dentro de la misma bahía de Santoña, cuyo nombre de Hano, que a la sazón recibiera, aun conserva".



Montehano, el emplazamiento de la supuesta fortaleza "cartaginesa" (muchas de las obras del XIX que tratan de compendiar la historia de Santoña aseguran que los vestigios de Montehano son "claramente" romanos, ninguno acertó a situar el origen medieval de dichos restos).



BVS DIVULGACIÓN 44. La bahía de Santoña en 1583 y la denominación histórica de la villa.

Aquí tenemos a la bahía de Santoña, también la santanderina, representadas en 1583, tiempos de Felipe II, por el cartógrafo holandés Lucas Janszoon Waghenaer. El documento forma parte del primer Atlas marítimo que fue impreso.

La peña de Santoña aparece con el nombre M.S. Anthoni (Monte o montaña de San Antonio). El caserío situado al pie de la montaña santoñesa recibe el nombre de S.Antoni. Por otro lado, C.Kesgo sin duda ha de interpretarse como el nombre que se da al Cabo de Quejo.

Como sabemos, es Puerto el nombre histórico de la villa, probablemente desde tiempos de los romanos (fuese el Puerto de la Victoria de los Juliobriguenses o no, cuestión aún no resuelta por los historiadores). La denominación Santoña fue imponiéndose con los siglos, al parecer derivada, o trasladada, del propio nombre de la montaña que hoy conocemos como Monte Buciero. Así pues, el topónimo Santogna, Santonna, Santona, Santonia, designó durante siglos a la montaña y desde finales del XVI ya aparece trasladado a la población situada a sus pies, originariamente Puerto.

Así por ejemplo, en 1547 la población es citada como Puerto de Santoña en un documento referente al comercio martítimo, es decir, el nombre histórico y el nombre dado a la peña quedaban asociados. Posteriormente, desde las primeras décadas del siglo XVII, el nombre Puerto irá dejando paso a la denominación que terminó afianzándose...Santoña (cuestión más compleja será tratar de indagar cuál es el es el origen del término Santoña).

Fragmento de "Die Zee custen va Biscaijen tusschen Laredo en Santillana soe hem dat Selue landt all daer verthoont enn opdoet", Lucas Janszoon Waghenaer, 1583.






BVS DIVULGACIÓN 45. Anzuelos romanos de Santoña.

El pasado romano de la villa ha deparado diversos hallazgos, casi todos ellos durante las excavaciones realizadas en los jardines de Santa María de Puerto, en los años 80 y 90 del siglo pasado. También se conservan testimonios de hallazgos ocasionales en el siglo XIX (una moneda de oro de Trajano que acabó en manos del general Espartero, historia que contaremos en otro momento). En las últimas décadas, prácticamente cada zanja abierta en el entorno de la iglesia ha deparado "sorpresas" de aquel Portus romano (fuese o no el Portus de la Victoria de los Juliobriguenses), en forma de evidencias arqueológicas, vidrios, cerámicas, metales, un suelo de una edificación...

Las interrogantes sobre los casi cuatro siglos de asentamiento romano en Santoña siguen abiertas, a la espera de que los historiadores puedan trabajar algún día (y a ser posible, antes que las excavadoras).

Hasta la fecha se ha documentado la aparición de dos anzuelos de época romana en Santoña. El representado a la izquierda es de bronce, el derecho de hierro. Es preciso destacar que son contadísimos los anzuelos romanos hallados en Cantabria. Describen una actividad pesquera cuyo alcance y volumen se desconoce, a falta de nuevas investigaciones arqueológicas. Por su tamaño se sabe que eran destinados a pesca de mediano tamaño. Los especialistas plantean dos hipótesis. O bien la actividad pesquera del asentamiento romano se limitaba a la subsistencia, o bien (dadas las condiciones de la bahía) el portus santoñés pudiera haber sido un enclave pesquero de cierta relevancia, acondicionado para el transporte de pesquerías hacia las ciudades de la meseta.


Algunos de los anzuelos romanos hallados en el entorno de la Iglesia.




BVS DIVULGACIÓN 46. El santoñés Juan de Lesca y la batalla del desfiladero de Cubitas.

Es uno de tantos santoñeses ilustres cuyo recuerdo a día de hoy ha quedado casi completamente desvanecido. Juan de Lesca y Fernández nace en Santoña un doce de febrero de 1812, momento histórico trascendente para la villa, al hallarse ocupada por las fuerzas de Napoleón y bloqueada por las fuerzas hispano-inglesas por mar y tierra. Días después del nacimiento de Lesca se inician las operaciones para tomar a los franceses las posiciones adelantadas de la plaza de Santoña (el Brusco y el Gromo), así como el fuerte laredano del Rastrillar. 

Lesca destacará por una fulgurante carrera militar. Su hoja de servicios arranca en 1819, "guardia de corps de menor edad". Alcanzará a lo largo de su vida los grados de Capitán en 1840, Teniente Coronel de Infantería en 1851, Brigadier en 1856 y Mariscal de Campo en 1869. Un episodio bélico protagonizado por Juan de Lesca en 1869 resalta especialmente en su biografía: la batalla del desfiladero de Cubitas, al norte de Camagüey, Cuba.

En 1868 da comienzo la primera guerra de independencia cubana: el oriente de la isla se levanta contra España. La Capitanía General española en la Habana envía al ejército a sofocar el avance de los rebeldes en las provincias occidentales. El entonces brigadier Juan de Lesca y Fernández asume la misión de romper el cerco que los insurgentes sostienen desde el inicio de la guerra sobre la ciudad de Camagüey. La operación se presenta complicada. Lesca ha de conducir a 3.500 hombres (artillería, infantería, caballería) a través de los desfiladeros de la Sierra de Cubita, donde esperan unos 500 insurrectos al mando del General Quesada, un veterano de la revolución mexicana.

La columna del brigadier Lesca desembarca en el puerto de la Guanaja y al instante comienza a ser hostigada. Quesada se había atrincherado con sus hombres en las posiciones más ventajosas de los pasos obligados de la sierra, sin embargo Lesca decide adentrarse por un camino casi olvidado llamado de Hinojosa (hoy "Paso de Lesca"). Los insurrectos son capaces de rectificar su posición a tiempo. Sin posibilidad de marcha atrás, los hombres de Lesca se enfrentan a una terrible emboscada que será considerada la primera batalla de la guerra cubana. El parte del alto mando español cita las pérdidas “ciento veinte hombres, ochenta y un caballos, tres bueyes para carga y todo el convoy de municiones y vituallas”. Se cuenta que las bajas son enterradas en varias cuevas del desfiladero. Finalmente el brigadier Lesca logra entrar en las calles de la ciudad de Camagüey al frente de sus maltrechas tropas. 

Las siguientes líneas (fuente Gaceta de Puerto Príncipe) dan cuenta del eco de supersticiones y leyendas surgidas en torno al desfiladero elegido por el santoñés Lesca:

"El desastroso resultado del combate para las tropas españolas y el hecho de que aquel apartado camino hubiera pasado a ser improvisado cementerio, fue creando “la leyenda del Paso de Lesca”. Los campesinos de la zona rehuían adentrarse en el por la noche porque, según muchos, se oían voces y gritos y no cabían dudas de que provenían de los muertos allí abandonados y enterrados. Incluso de día había temor de tomar esa ruta. Algunos de los que se atrevían a hacerlo plantaban cruces, dejaban flores y oraban por los muertos que allí había".



fuente de la imagen



BVS DIVULGACIÓN 47. Santoña y el impulso constructivo de mediados del siglo XVII.

A excepción de la iglesia, la villa es arrasada por las llamas en 1639 a consecuencia del ataque de la armada capitaneada por el Arzobispo de Burdeos. El golpe es duro y lastra durante décadas el desarrollo de Santoña. Pese a ello, a mediados del siglo XVII se produce una evidente renovación. Por ejemplo es el momento en que es levantado el gran arco de piedra arenisca que da acceso al recinto de la iglesia. También se construyen los muelles y paulatinamente las precarias casas de madera van siendo sustituídas por edificios en piedra.

A su vez, las casas-torre de las familias acaudaladas irán arruinándose y desapareciendo, dejando paso desde mediados del siglo XVII a casonas de inspiración clasicista, o barroca (es el caso del Palacio de Maeda-Chiloeches-Hospital Militar). Hacia 1650 son alzadas las casas de Francisco Alonso de Camino y del Hoyo, Juan de Castro, Francisco de la Piedra Villa, y son ampliadas y renovadas casas como la de María de Casuso Maeda o la de Pedro de Garvijos Maeda. Es conocido que las casonas nobles santoñesas de esta época destacaban por sus colecciones de pintura.

Un buen ejemplo de este impulso constructivo es la casa clasicista que Antonio Ortíz del Hoyo manda levantar en 1667. Una curiosidad, al menos una parte de la piedra empleada fue traída de Galizano. Su arquitecto fue Francisco de Cueto y el edificio es descrito en el momento de su construcción como "una torre de piedra labrada, sillería calear y de arena". La casa es hoy un vestigio bien conservado de otros tiempos.


Casa de Ortíz del Hoyo en la Calle Manzanedo.

Documentación:
-Santoña en el diccionario de Pascual Madoz, Jesús Aparicio Ruíz, revista Monte Buciero.
-Las actividades marítimas en Santoña en los siglos XVI y XVII, José Luis Casado Soto, revista Monte Buciero.
-El arte en Santoña en la edad moderna, Miguel Ángel Aramburu-Zabala, revista Monte Buciero.




BVS DIVULGACIÓN 48. Alimentación en la prehistoria de Santoña.

Varios refugios y cuevas del monte de Santoña investigados por la ciencia nos descubren la alimentación del hombre prehistórico. La horquilla temporal en las cuevas mejor estudiadas va desde los 11.000 años a los 6.500 años antes del presente, por lo tanto abarca periodos culturales diferentes (magdaleniense final, aziliense y mesolítico).


Además de carnívoros (tejón, algún lobo y un perro hallado en una de las cuevas, el cual plantea la hipótesis de que fuera domesticado), los arqueólogos han hallado abundantes restos de caracol de tierra, caracolillo, lapa, navaja o muergo, ostra...Los habitantes prehistóricos del Buciero, y del Valle del Asón por extensión, eran igualmente excelentes pescadores (trucha, salmón...), como muestran los arpones de tradición aziliense localizados en Santoña. Es sabido que estos cazadores recolectaban de igual manera frutos y demás productos vegetales, no en vano, el clima fue templándose a lo largo de los milenios citados y el bosque (roble, encina, avellano...) fue extendiéndose por el área cantábrica, dejando atrás el último periodo glacial.

Por último, aparecen en los yacimientos santoñeses gran número de ungulados, es decir, mamíferos que tienen casco o pezuña. La siguiente ilustración recoge los 6 ungulados cuyos restos aparecidos en el Buciero dan cuenta de la dieta del hombre prehistórico, digámoslo así, santoñés.






BVS DIVULGACIÓN 49. Las piedras que viajaron hace milenios desde Burgos a Santoña: 30 años después de empezar a ser desvelada, nuestra prehistoria vuelve a dar sorpresas.

Se cumplen 30 años desde que un santoñés gran conocedor de nuestro monte -Toico- mostrase a un grupo de vecinos un curioso refugio costero. Resultaba evidente que había sido empleado en la prehistoria, así lo indicaba la presencia de lapas, ostras y caracolillos fosilizados en las paredes del lugar, incluso pudieron dar cuenta de lo que parecía una muestra de arte paleolítico. La noticia llega al Ayuntamiento y de aquí al gobierno cántabro. La universidad envía a arqueólogos: Se había descubierto uno de los yacimientos costeros del magdaleniense final-aziliense más relevantes de la cornisa cantábrica. Un lugar espectacular para estudiar este periodo y los cambios adaptativos que los cazadores-recolectores efectuaron en sus estrategias de explotación del territorio y supervivencia, con un nivel marino en contínuo ascenso que modificó su mundo.

30 años después las cuevas y abrigos del monte santoñés han permitido a los arqueólogos profundizar en el conocimiento de nuestro pasado remoto. Algunos de estos "campamentos logísticos", desde los que el hombre del final del paleolítico se aprovisionaba antes del invierno de recursos marinos, animales y vegetales, fueron ocupados desde hace 12.000 años aproximadamente, hasta hace 6.000. Otros fueron utilizados menos tiempo, puesto que su acceso se volvió impracticable debido al ascenso de las aguas y la erosión y derrumbe de las laderas del monte, las cuales empezaron a ser talladas por el mar hasta convertirse en los escabrosos acantilados que hoy conocemos (cierto que Napoleón contribuyó a esculpir esta roca llamada Buciero a golpe de explosiones, pero ésa es otra historia)

En torno a 1.600 herramientas talladas en piedra (sílex especialmente) fueron rescatadas por los arqueólogos y son custodiadas por el Museo de Prehistoria y Arqueología de Cantabria. Fueron descubiertos también percutores, un hueso de ciervo decorado con el grabado de un caballo, un canto con restos de pintura (elemento simbólico típico de la cultura aziliense), una aguja de coser en perfecto estado de conservación, impresionantes arpones de pesca creados en hueso de ciervo, un hueso de foca que por sí solo ha ayudado a definir el modelo climático que la ciencia maneja para el periodo mesolítico europeo; en definitiva, un valiosísimo acervo cultural que resumía la vida de los primeros santoñeses conocidos.

Las investigaciones al respecto de la prehistoria de Santoña no se han detenido. Los materiales rescatados permiten hoy en día la aplicación de nuevas técnicas y gracias a ellas se acaba de desvelar la información que motiva este artículo. Hasta ahora los arqueólogos suponían que los desplazamientos de los pobladores del magdaleniense final del valle del Asón se limitaban al propio valle; explotaban su entorno inmediato cada vez con mayor eficacia, sin necesidad de complicados desplazamientos en un entorno hostil. Los nuevos datos extraídos a raíz del estudio de las herramientas de sílex empleadas en el monte santoñés deparan notables sorpresas. La ciencia ha logrado identificar hasta siete fuentes de sílex o lugares de aprovisionamiento de tan preciada materia, fundamental en todo el desarrollo de la especie humana. Prácticamente todos estos lugares se localizan al este y oeste del valle, con lo cual se pone en cuestión el modelo hasta ahora definido. Detallaremos esta cuestión en próximos artículos. 

Dejamos para el final un dato sorprendente: Dos herramientas talladas en sílex halladas en uno de los refugios prehistóricos santoñeses proceden de Ojo Guareña, Merindad de Sotoscueva, Burgos. Unos 70 kms de distancia a través de un medio que no contaba precisamente con senderos. ¿Qué interpretación aportan los científicos a este descubrimiento? La calidad de esta materia prima en la fuente de aprovisionamiento de Ojo Guareña en absoluto justifica este costosísimo y arriesgado desplazamiento de los cazadores-recolectores santoñeses del final del paleolítico. Bien pudiera significar la evidencia de una red de intercambio con grupos humanos de la meseta castellana, imagen realmente sugerente que amplia nuestro conocimiento sobre la vida de estos pobladores paleolíticos y desmonta, al menos matiza, lo supuesto hasta ahora.





BVS DIVULGACIÓN 50. Que vienen los indios: la antigua Casa del Concejo santoñés

Desde mediados del siglo XVII la villa de Puerto de Santoña experimenta una evidente renovación. El caserío de madera va sustituyéndose por buenos edificios en piedra, mientras las casas fuertes y torres arruinadas de las familias pudientes van convirtiéndose en casonas de tradición barroca o clasicista. La renovación de las construcciones dispersadas por la trama aún rural de Santoña continuará con intensidad a lo largo del siglo XVIII.

Es en 1747-1749 cuando se levanta la Casa del Concejo, en el Barrio del Haro. En su entorno se consolida la Plaza Nueva, hoy Plaza. de la Villa, residencia predilecta de notarios y oficios relacionados con la administración. La nueva casa consistorial incluía sala de juntas, taberna y cárcel. Es sabido que la casona queda convertida en acuartelamiento de las tropas de Napoleón en tiempos de la Guerra de Independencia. El inmueble quedó arrasado a finales del siglo XX en la construcción de los juzgados. En la actualidad únicamente se conservan tres elementos de su fachada, el reloj solar, los dos arcos carpaneles del pórtico y el escudo con las armas de la villa de Santoña. Reparemos en el reloj solar unos instantes...

A ambos lados del reloj de sol apreciamos dos sorprendentes figuras de pequeño tamaño, casi destinadas a pasar desapercibidas...¡Son indios!. En diversas casonas cántabras encontramos motivos escultóricos similares, indios de largos penachos incorporados a las labras de escudos, u ornamentos de fachada. Lo vemos en Lombraña (Polaciones), también en Valdeprado (Pesaguero). Sin duda los indios representados aluden en estos casos a que el morador hizo su fortuna como "indiano". Los indios del reloj solar santoñés no parecen estar en relación a un vecino que hubiese hecho fortuna en las américas. Como hemos visto, es lo mismo que sucede con el escudo que adornaba la casona, labrado con las armas de la villa, no las de unos apellidos. Tratándose de la Casa del Concejo, parece probable que los indios sean una alusión a la conexión entre esta villa de marinos y el continente americano.


documentación. El arte en Santoña en la edad moderna, M. A. Aramburu-Zabala, Revista Monte Buciero, 1997.




Reloj solar

Uno de los "indios" en la casona solariega de los Salceda-De la Torre,
en Valdeprado, Pesaguero.
"Indio" santoñés.

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