lunes, octubre 17, 2011

EL MAYOR TESORO DEL MONTE BUCIERO


  No sabemos si lo hizo un solo hombre, o varios. Tampoco conocemos el año, ni el milenio siquiera, en el que la mano del hombre creó el mayor tesoro del Monte Buciero.

  Debemos situarnos hace unos 12.000 años. El Monte Buciero es entonces una mole caliza enclavada a entre 3 y 5 kms de la costa. Los impresionantes acantilados de hoy en día son entonces suaves laderas que se posan en una planicie herbácea. El clima está templándose paulatinamente y la masa rocosa empieza a poblarse de coníferas, en sustitución de la previa vegetación arbustiva y espinosa.

 El Asón no moría en la actual bahía, discurría dirección norte atravesando la actual playa de Berria y se adentraba unos cuatro kilómetros más allá de la línea costera que nuestros ojos conocen sobradamente.

 Los hombres del Buciero controlaban un ancho valle en dirección al sur, al que accedían directamente desde numerosos abrigos y cuevas. Andando no más de quince minutos llegaban a las riberas del Asón, pródigas en pesca. A cuarenta minutos de caminata el mar se les ofrecía con abundancia de lapas, navajas, mejillones y caracolillos, especímenes idénticos a los actuales, aunque de mayores dimensiones. El monte, finalmente, procuraba caza (jabalí, cabra montés salvaje, ciervo) y frutos, también abrigo y protección frente a las fieras, la noche y el frío.

  Muy probablemente sucedió hace diez mil años, al menos eso indican los estudios arqueológicos llevados a cabo sobre el yacimiento de este covacho. Una de las comunidades de cazadores-recolectores que merodean por el entorno del Monte Buciero utiliza ocasionalmente un abrigo con una orientación inmejorable, al socaire de los vientos del oeste y el norte y con horas de insolación garantizadas. Es un habitáculo de unos setenta metros de superficie útil, habitado con mayor o menor continuidad durante tres mil años (12.000 antes del presente- 9.000 a.p.). Posteriormente sigue utilizándose como refugio esporádico, a medida que el mar va ocupando la llanura y el Asón ve cegada por los sedimentos su salida natural a través de Berria.

 Hace 10.000 años un hombre cogió un buril tallado en silex y se dirigió a un saliente estratégico en el fondo de la cueva, a dos metros y medio de altura. Una especie de altar en el que nuestro antepasado empezó a plasmar sus inquietudes.

 Era un hombre más robusto y menudo que nosotros. Manejaba un lenguaje básico que le permitía comunicarse con sus semejantes. Se dedicaba en exclusiva a cuidar de los suyos y conseguir alimento; se enfrentaba a un mundo virgen y amenazante que excedía su capacidad de entendimiento y lo hacía sin apenas tecnología, casi como un animal más, obligado a penurias extremas. Pese a ello a este hombre le rondaba una idea en la cabeza.

 Una necesidad que nada tiene que ver con alimentarse o abrigarse le llevó hasta el fondo de la cueva.




 Este hombre empezó a plasmar su mundo interior y nos legó un enigma.



 Son trazos incoherentes practicados con un buril de silex. Los especialistas los denominan grabados fusiformes y se han encontrado en diferentes santuarios paleolíticos a lo largo de toda la franja cantábrica. El trazo es ancho y profundo en la parte central y va estrechándose y haciéndose más superficial en los extremos. El soporte es la propia roca viva, aprovechando el estratégico saliente. Los estudiosos apuntan la posibilidad de que el panel de grabados tuviese continuidad, ya que la roca del entorno sí ha sido alterada por miles de años de erosión. 


 El panel, curiosamente, se orienta hacia la salida del sol. La técnica es la incisión de trazos únicos de unos 10-15 cm de largo. El buril utilizado crea una sección en "V".
  Los especialistas distinguen tres grupos de trazos. En la parte superior encontramos incisiones horizontales profundas. Debajo, a la izquierda, el trazo se vuelve menos intenso y con orientación oblicua. En la zona inferior del panel se aprecia un motivo triangular que pudiera interpretarse como un signo. Finalmente hay que citar nuevos trazos a la derecha de la grieta natural que bordea el panel.
 En diversas cuevas asturianas, cántabras y en menor medida vascas se han encontrado grabados similares asociados con grabados naturalistas (representaciones de fauna, antropomorfos, etc), es decir, la esquematización y abstracción convivía con la figuración.
 El "arte por el arte" no parece justificar la realización de esta obra. Más bien podemos pensar que de esta manera nuestro protagonista plasmó su relación mágica, religiosa, espiritual (o como queramos llamarlo) con el mundo que le rodeaba, cuando no existían religiones estructuradas, ni dogmas, ni liturgias, capaces de aplacarle.




 Este tipo de grabados fusiformes abstractos son frecuentes en el arte parietal levantino. Los grabados de esta imagen recuerdan enormemente los encontrados en el Buciero, sin embargo pertenecen a la zona de La Vall de Gallinera, Alicante. Desde los años ochenta los hallazgos de grabados fusiformes se generalizaron en bastantes cuevas de la franja cantábrica.



 Grabados en Entrefoces, Asturias.



 El panel de grabados paleolíticos del Monte Buciero es el primer santuario santoñés. Es el altar de una iglesia de 12.000 años. La primera manifestación de la inquietud del hombre enfrentado a un mundo que le planteaba demasiadas preguntas. Una enigmática expresión de su espiritualidad.


BVS, Bucierovidasalvaje



Fuentes consultadas:
-Los grabados de los abrigos...(omito nombres), Alfonso Moure Romanillo, Manuel González Morales. 1985. Gracias a Rehisan.
-Last Glacial Human Settlement in Eastern Cantabria, Manuel González Morales, Miguel Ángel Fano Martínez, 2001.
-La prehistoria de Santoña, Manuel González Morales, 1998.
-Las cuevas con arte paleolítico en Cantabria, ACDPS, 2002
-Manual de arte prehistórico, José Luis Sanchidrián, 2001.


 Propuesta:
 Podría considerarse la mejora del acceso al abrigo en cuestión. En ningún caso sería una visita "para todos los públicos", debido a la dificultad o incomodidad de algunos tramos. No obstante, mejorando un tramo concreto, el más complicado (con postes y cuerdas como los que encontramos en el tramo final Cuatro Caminos-Faro Pescador), se permitiría un acceso seguro hasta el interior del abrigo. Actualmente este abrigo está protegido por una valla metálica, podría facilitarse el acceso a grupos reducidos, con guía que abriese y cerrase la valla. Unos minutos en el abrigo y la pertinente explicación, así como la contemplación del panel de grabados, permitirían entender mucho mejor el modo de vida de nuestros antepasados y potenciarían el atractivo del Monte Buciero. Hay que recordar que el monte cuenta con unas veinte cuevas y abrigos, muchos de ellos habitados en tiempos prehistóricos. La importancia de los yacimientos arqueológicos paleolíticos del Buciero sería así dada a conocer. No debemos olvidar la singularidad de nuestro patrimonio en este sentido, ya que el conjunto de cuevas y abrigos del Buciero permite entender el proceso de cambio entre el paleolítico y el neolítico y al mismo tiempo el proceso de ascensión del nivel marino y cómo esto afectó a la vida de nuestros ancestros.

 También conviene recordar que estos habitáculos prehistóricos han deparado abundantes bienes arqueológicos. Recuperar y reunir estos materiales es una asignatura pendiente para Santoña. Una parte de esta riqueza está en manos privadas, la otra, custodiada y no exhibida por organismos autonómicos.

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