viernes, junio 10, 2011

BVS CURIOSO: EL BÚNKER DE MONTEHANO

 Montehano es un monte cónico de 187 metros de alto con una base de 850 metros de diámetro de media. Situado en el término municipal de Escalante, emergiendo de las marismas, ha atraído la atención del hombre desde la prehistoria.
 El nombre Hano podría derivar de anus-i (anillo, aro). Dicho topónimo se extiende por diversos lugares de Cantabria que guardan en común una forma circular. Otra posible acepción es fanum-i (templo, lugar sagrado). La religión de los antiguos cántabros confería un carácter sagrado a los árboles y bosques (ahora nuestra religión es arrasar y cementar, dicho sea de paso). En Montehano confluía un bosque rico y frondoso con una forma cónica casi perfecta que sin duda atrajo a los habitantes de estas tierras antes de la romanización.
 La cima de Montehano alberga los restos de un recinto medieval, aunque no sería descabellado que éstas se asentasen sobre los vestigios de una pequeña fortificación cántabra. Se conocen hasta tres montes cercanos (Laredo-Seña) con estructuras  y restos arqueológicos que se corresponden con poblados cántabros pre-romanos. La cuestión está oscurecida en el Monte Buciero, donde a día de hoy el conocimiento histórico salta del año 5.500 antes de nuestra era a la ocupación romana en el entorno de la Iglesia de Sta María de Puerto, ya en los siglos I a IV de nuestra era, a excepción de unos fragmentos cerámicos aparecidos en la Cueva de la Hiedra los cuales serían el único puente entre ambas épocas.
 Montehano, en su pequeña extensión, es todo un compendio de leyendas (el supuesto tesoro en un subterráneo del castillo medieval, el supuesto faro que ocupó su cumbre), despropósitos sangrantes (una cantera que dejó el monte temblando y una explotación que ya no extrae roca, pero sigue contaminando en medio de una reserva natural, sin que nadie mueva un dedo), dos cuevas con ocupación prehistórica, un convento plagado de historia situado a sus pies...

...y un búnker paralizado en la bruma del tiempo desde el verano atroz de 1937.





CONTEXTO HISTÓRICO

 La sublevación del 17 de julio de 1936 fracasa en la entonces provincia de Santander. Serán los meses de agosto-septiembre de 1937 el momento decisivo en que la contienda se decanta del lado sublevado y es en este marco en el que se inscribe la fortificación de Montehano.
 Un testimonio directo de una persona que fue acogida en estas fechas por los frailes del Convento de San Sebastián de Montehano nos relata que un contingente de milicianos republicanos desalojaron el convento. El lugar fue tomado como centro de operaciones mientras se iniciaban las labores de fortificación del monte. Por muchas décadas que hayan transcurrido, una pila de hábitos ardiendo y frailes y novicios huyendo del lugar no son imágenes fáciles de olvidar para un niño. Dos de los frailes son asesinados y sus cuerpos arrojados a una cuneta en Berria.


 En 1954 se erige un pequeño recordatorio (si no me equivoco en el mismo lugar en el que sus cuerpos fueron arrojados). Incomprensiblemente el monumento lo pueden ustedes visitar tras el albergue municipal. Está rodeado de enormes sillerías retiradas del muelle, listo para ser utilizado en obra pública.

 Asentados en el convento de Montehano, los mandos republicanos dirigen batidas nocturnas por toda la comarca en busca de opositores y desertores. Son días de miseria humana desplegada por ambos bandos, nada que ver con el supuesto heroismo y los cuentos sobre patrias e ideologías y banderas. Simple y llana miseria. Y horror. Nuestro testigo relata como si lo hubiese vivido ayer que al convento llegaban "informadores". Uno de ellos dio noticia sobre una familia de Ampuero cuyos cuatro hijos estaban escondidos en el sótano de su casa. Esa misma noche los milicianos partieron en un furgón descubierto y eliminaron a los cuatro.
 El confesionario del convento fue sacado al camino, a la altura de la actual cantera. Era normal ver a un miliciano metido en el confesionario bromeando con frases como "ven que te confieso", haciéndose pasar por uno de los padres capuchinos ajusticiados.



EL BÚNKER Y LAS TRINCHERAS

 Un destacamento de zapadores de la República es destinado a Montehano desde julio de 1937. Ningún vecino de Escalante participa en las obras, si acaso algún mulero para el transporte de los víveres y el instrumental. El testigo recuerda a un hombre vomitando sangre a causa del esfuerzo extremo al que fueron sometidos los milicianos. Otro de estos hombres (chavales, más bien) cae por un balazo del mando del destacamento al atreverse a formular una queja.


 El búnker de Montehano aprovecha la formación rocosa en un punto orientado al suroeste. Un grueso muro salpicado de troneras irregulares que cierra una oquedad natural creando un habitáculo resguardado.


 La sección de techo inicial se ha desplomado. El lugar siempre me produce una sensación extraña, de tiempo detenido y escalofrío imposible de contener. Es fácil imaginar a aquellos hombres tomándose un descanso sentados entre estas piedras extrañamente vivas. El silencio gobierna hoy en el búnker de Montehano. Las troneras sin ametralladoras. El búnker sin enemigos a los que abatir. El encinar cegándole los ojos y zarandeándose con pequeños crujidos. Sobrecoge y al mismo tiempo te sientes tranquilo, el visitante se siente intimidado y sólo puede contemplar estos vestigios con silencio y respeto.


Detalle de una de las troneras principales del búnker.



 La sensación de intimidación se multiplica cuando nos asomamos a la oscuridad perpetua del interior. Encontramos tres mudos soportes para ametralladora adosados al muro de mampostería bien trabada. La oquedad natural aparentemente no fue labrada, aún así forma un espacio apto para el desplazamiento de las armas y los hombres y un resguardo inmejorable. Desde la distancia el puesto sería indistinguible.


La obra del hombre y la obra de la naturaleza se funden en el búnker de Montehano.


 Un vistazo a través de una de las aspilleras de menor tamaño sirve para demostrar que el búnker se planteó en un momento en que Montehano estaba prácticamente pelado.




 La fortificación de Montehano se completa con una extensa trinchera de hasta tres metros de altura excavada en roca y tierra que recorre parcialmente el perímetro de la cumbre. En algunos puntos presenta piedras apiladas y derrumbes, también perforaciones que quizá sirvieran para dar asiento a una ametralladora. En dos ocasiones he encontrado bidones de gasolina en la trinchera escondidos por cazadores furtivos. Ojalá se hayan llevado una sorpresa al ver que los bidones desaparecen por arte de magia (el combustible es utilizado para atraer, por ejemplo, a jabalíes, la caza está prohibida en el entorno de la marisma).


 En un borde rocoso orientado a la población de Cicero observamos un amplio foso de unos cuatro metros de anchura. Las obras no se extendieron hacia el recinto medieval que corona Montehano debido a la alta exposición que habría tenido frente a un ataque de aviación.


 Sin contar la propia obra del búnker, el trabajo empleado en la realización de la extensa trinchera fue descomunal. Sorprende saber que la posición nunca entró en  batalla, de hecho la guerra civil concluyó en Montehano once días después de que el contingente republicano concluyera las obras. Dicho contingente fue destinado al frente de Reinosa un 13 de agosto de 1937, donde las tropas republicanas fueron incapaces de contener el poderío del avance de los sublevados. Previsiblemente muchos de estos hombres dejaron su vida en Reinosa.


 Uno de los soportes para ametralladora contiene una inscripción dejada para la posteridad por un miliciano republicano. A 2-8-1937. C. SANTAMARÍA. Gracias al investigador Javier Marcos Martínez podemos conocer que se trata del vecino de Güemes Cecilio Santamaría. El investigador pudo encontrar a este hombre en los años 90 y obtener valiosa información sobre la construcción del búnker y las penurias soportadas.

 La estrategia republicana en el litoral se basó en fortificar diferentes puntos con orientación al norte en previsión de un asalto por mar, sin embargo el búnker de Montehano y su trama de trincheras no responde a estos principios. La fortificación gozaba del control visual de un amplio pedazo de Trasmiera. Su finalidad principal era controlar el acceso terrestre desde Cicero, así como la red ferroviaria. En una loma de esta población se encuentran diversos nidos de ametralladora que completarían el sistema defensivo (los conoceremos en otro episodio de BVS Curioso). Las ametralladoras instaladas en Montehano seguramente alcanzaban con su fuego hasta la citada posición de Cicero.

 Montehano no vivió desde entonces más episodios bélicos. Reseñamos que pocos años después una mina sembrada en el entorno del monte mutilaba a un niño que había sido recogido y auspiciado en el convento.
 En septiembre de 1937 la provincia de Santander cae en manos del denominado bando nacional y comienza una ola de represión. Santoña viviría en estos días el crucial momento del Pacto de Santoña y la rendición de unos 11.000 milicianos vascos. Pero esa es otra historia y deberá ser contada en otro momento.


Bibliografía:
La historia de Monte Hano, Javier Marcos García, 1992.