miércoles, febrero 16, 2011

Cap. 3. FORT IMPERIAL

CAPÍTULOS DE HISTORIA.


Cap 1. REDUCTO DE CUETO CABRERO  


Cap 2. FORTÍN DEL GROMO


-----------------------------------------------------------------------------------------------------------------
Cap. 3. FORT IMPERIAL.

 En 1815 el general Juan Bordenave redacta un informe analizando las bondades de Santoña como futura plaza de guerra debidamente fortificada. Sus palabras nos permiten asistir "en directo" al estado del Fuerte Imperial:
"Cuando se mira el papel y considera su irregularidad con la pequeñez de varias de sus partes, se notan en ella defectos considerables; pero mirado sobre el terreno se observa que no podían evitarse unas faltas sin originar muchos gastos o perder otras ventajas [...] Miradas ahora en detalle todas las partes de este fuerte, no es más que una obra imperfecta de campaña. El parapeto solo tiene diez pies de espesor con cuatro de elevación. La escarpa carece en algunas partes de revestimientos, en otras solo es de piedra seca, y en varias de peña bañada de cal. En unos parajes se eleva veinte pies, en otros más de veinte y cinco [...] A pesar de tantas faltas, reparada esta obra de su deterioro, no se puede decir que es de fácil ataque".
 El Fort Imperial se concibió por parte de los ingenieros militares napoleónicos como la plaza de armas de Santoña. Esta entrada recorre los hechos históricos que rodean al fuerte y trata de seguir y documentar sus vestigios. El paso de dos siglos no ha borrado sus líneas. Un siglo de vida del presidio del Dueso, que tomó su emplazamiento y borró definitivamente gran parte de sus estructuras y todos sus acuartelamientos y demás edificaciones, tampoco han eliminado por completo las huellas de la vasta obra napoleónica.
 Nos ha quedado una entrada larga con abundante información, ojalá lo disfruten ustedes. 


 El fotógrafo se situó en lo alto del cerro del Mazo, seguramente en lo alto de la muralla del fuerte instalado sobre dicha peña. Esta imagen inmortalizó los perfiles del Fuerte Imperial pocos años antes de que se iniciasen las obras del penal en 1907.



Plano militar francés, diciembre 1813.

 En 1811, sobre un terreno quebradizo y pantanoso, los ingenieros militares franceses planean levantar una estructura defensiva capaz de cerrar el acceso terrestre a la plaza de Santoña, capaz al mismo tiempo de desarticular todo intento de desembarco. En los capítulos 1 y 2 ya hemos recogido el contexto histórico de estos días y descrito las dos fortificaciones que controlaban el paso del istmo, el Reducto del Brusco y el Fortín del Gromo. 
 En mitad de una contienda de ámbito nacional, también continental, los ingenieros napoleónicos proyectan una extensa obra de campaña, es decir, provisional y condicionada por las premuras del conflicto bélico. La idea era levantar una obra con el menor costo posible y la mayor eficiencia defensiva. 
 Dos recintos, bajo y alto, configuran el fuerte. Es el Oficial del Estado Mayor Galbois quien dirige las obras hasta la llegada a la plaza del ingeniero militar Gabriele Breuille. El trazado exterior sellaba la entrada a Santoña y se extendía desde la Batería de la Cueva a lo largo del arenal de Berria, cerrándose con escarpas y empalizadas al pie mismo del cerro del Mazo tras recorrer el límite de las marismas. Diversos caminos internos comunicaban las diferentes secciones del fuerte. 
 La comunicación de la fortaleza con la población (la actual "carretera vieja" o camino del Sorbal) se flanqueó de altos muros capaces de proteger a la tropa de posibles disparos distantes desde el Gromo y a fin de evitar un poco previsible ataque a través de las marismas.


 Aún hoy dichos muros se conservan en diversos puntos del camino.

 Escarpas, fosos, contraescarpas, puentes levadizos, muros de piedra seca (sin argamasa), estacadas y empalizadas, unos 30 cañones y 3 obuses. El fuerte quedó dispuesto al momento decisivo de 1814. Ya vimos cómo se desarrolló la toma del Cueto Cabrero y el Fortín del Gromo. Casi dos siglos después resulta fascinante imaginar las tropas españolas aupadas a la loma del Gromo tras la cruenta batalla. El espectáculo que se encontraron más allá de las marismas y el arenal debia congelar la sangre: una plaza armada y defendida por 2.000 franceses bien pertrechados y mejor protegidos que les miraban desde lugares como el Fuerte Imperial o el Fuerte del Mazo, tensos, ateridos de miedo. Un baluarte inexpugnable, inconquistable, que prometía una pérdida de vidas masiva.


 Hacia 1813, en espera del ejército hispano-inglés, la configuración de la defensa del frente terrestre de la península santoñesa que realizaron los franceses sería la representada en esta imagen.

1.Fortín del Gromo
2.Reducto del Cueto Cabrero
3.Fuerte Imperial
4.Batería del Cañaveral
5.Batería de la Cueva
6.Polvorín del Dueso
7.Batería de Buena Vista
8.Batería del Águila

 Habría que añadir la Batería del Sorbal, en las inmediaciones de la actual estación de bombeo, así como la Batería del Molino (a medio camino entre Sorbal y la Alameda).


 Emplazamiento de la Batería del Molino. El aterrazamiento de piedra seca que observamos bajo el edificio en ruínas podrían ser los restos de esta fortificación.

 La firma de la rendición gala detuvo la predecible masacre y el ejército francés acantonado en Santoña cedió la plaza a manos españolas (ver cap. 1).

 1823 trae nuevos episodios bélicos a la plaza. Santoña cuenta entonces con unos 1400 habitantes, en su mayoría partidarios de la causa liberal. Es de suponer que la ocupación de 1810-1814 hubiese acrecentado la inclinación pro-liberal de los santoñeses. El destacamento militar destinado en la villa ascendía a unos 1800 hombres. El ejército francés apoyaba la restitución monárquica y se encaminaba a tomar Santoña. De cualquier modo, la importancia estratégica del enclave volvía a llamar la atención de los ejércitos contendientes y nuevamente Santoña se vio envuelta en un bloqueo naval (en esta ocasión realizado por los galos). Destacados liberales de la región y la Diputación Provincial de Bilbao se refugian en una Santoña sitiada por tierra y mar. El sitio impuesto por las tropas francesas lograba así que el destacamento liberal establecido en Santoña no pudiese moverse de la plaza, además de evitar un enfrentamiento directo que supusiese un alto costo en vidas. En este contexto el Fuerte Imperial es escenario de un episodio determinante.
 Los galos desestiman la posibilidad de tomar Santoña por vía marítima y doblegar el Fuerte Imperial parece la única opción. En la noche del 21 al 22 de agosto de 1823 se produce el asalto. El peñón del Buciero era azotado por una poderosa tormenta cuando  el capitán de carabineros francés D´Ast se avalanza sobre el recinto exterior con sus hombres. De un sablazo elimina al centinela. Los restantes defensores del puesto avanzado del fuerte caen prisioneros o muertos por bayoneta.
 El asalto al Fort Imperial fue no más que un golpe de efecto y un despliegue de heroicidad. Las tropas liberales afincadas en Santoña resistieron un mes más antes de rendirse. Triunfantes y a golpe de tambor podemos imaginar el desfile de los regimientos franceses a lo largo del arenal del pasaje.


  
 La historia del fuerte se extiende a lo largo de todo el siglo con innumerables informes militares, proyectos, mejoras. Lo cierto es que las condiciones físicas del terreno dificultaron que una obra sólida terminase cobrando vida. Son contínuos a lo largo del siglo los informes de ingenieros militares describiendo el modo en que los fosos del Fuerte Imperial se llenaban de agua, los papapetos necesitaban constante reparación y la cercanía de la colina del Gromo amenazaba toda posibilidad de asentar una fortaleza permanente que fuera efectiva. A esto hay que unirle las penurias presupuetarias. Hacia 1859 se produce la fortificación decidida del frente marítimo cuyas muestras más evidentes seguimos disfrutando hoy, Fuerte San Carlos, Fuerte de San Martín, Batería de Galbanes (también la Batería Alta de San Martín, destrozada por una rehabilitación sin sentido, ni ley). El viejo Fuerte Imperial quedó en segundo plano y acabó en el olvido presupuestario hasta que el presidio del Dueso vino a ocupar su lugar desde 1907.


 Ésta es una de las mejores imágenes de los alojamientos del destacamento militar que ocupó el fuerte hasta la construcción del presidio del Dueso. En los primeros años de vida del penal los alojamientos fueron reciclados para albergar las diferentes dependencias y convivieron con las edificaciones de nueva planta.




Construcción del puente de acceso a la prisión salvando el antiguo foso del Fort Imperial.


SIGUIENDO LAS HUELLAS DEL FORT IMPERIAL (y entorno)


 Por fortuna la vegetación del Buciero se ha regenerado extraordinariamente en las últimas décadas, aunque eso nos dificulte la comparación entre esta imagen y la histórica que da inicio al post. No obstante, si observamos con detenimiento empiezan a aparecer concordancias, elevaciones del terreno, formas, caminos, casas. Para rescatar el recuerdo del Fort Imperial es necesario armarse con fotos históricas y viejos planos militares, paciencia y a observar. Las sorpresas son numerosas y se esconden a lo largo de todo el exterior de la cárcel, también en su interior. 


 Tomando la primera foto de esta entrada podemos descubrir llamativas coincidencias en el barrio del Dueso. Dos ejemplos. En rojo recuadramos la iglesia y la casa adosada a ella. Con las lógicas reformas, podría decirse que todo sigue igual unos 107 años después.


El recuadro azul corresponde a esta casa solitaria. El mismo edificio. Seguramente la misma actividad humana.


 La peña del Mazo, en su vertiente oeste, fue el lugar escogido para emplazar otra batería. En el plano francés de 1813 no se le otorga nombre alguno. No tenemos noticia de que sus restos hayan sido localizados.


 En la zona hoy en día encontramos hasta tres estructuras que pudieran ser dicha batería. Por su orientación sobre el camino de tierra y su elevación quizá estos pudieran ser sus restos. En azul el trazado del camino de tierra. En rojo la escarpa del Fuerte Imperial.
 Se trataría de una obra de campaña realizada a base de piedra seca, una posición artillera elevada sobre los fuegos del Fuerte Imperial. Su función sería la misma que la desempeñada por la Batería de Buena Vista localizada en agosto de 2010, aún sin respuesta municipal pese a que su existencia fue notificada al ayto al día siguiente de localizarse. 


 Este camino interno del presidio vendría a coincidir con el histórico camino de tierra que daba acceso a la villa. Confluiría en la actual garita del Sorbal y continuaría bien hacia la cuesta del Dueso, bien hacia la conocida como "carretera vieja". A la derecha del camino apreciamos la plataforma escarpada que daba asiento al Fort Imperial. Con un poco de imaginación es posible seguir el trazado del fuerte en infinidad de líneas, escarpas, restos de parapetos y muros. En cierto modo el Fuerte Imperial es hoy en día una fortificación "fantasma". Está ahí y al mismo tiempo pasa desapercibida a los ojos de un observador común.
 El plan general de Santoña se encuentra ahora mismo en proceso de revisión. Acertadamente se incluirá un nivel de protección singular III, la protección arqueológica, que se sumará a las actuales protecciones integrales y estructurales. El Fuerte Imperial pasará posiblemente a adquirir dicha PS III junto a numerosas cuevas, abrigos e inmuebles desaparecidos como el molino de marea del Sorbal o el Cuartel del Presidio. El yacimiento arqueológico que ofrece el fuerte podría deparar notables sorpresas. Aunque sea imprescindible considerar su peculiar situación al estar encerrado tras los muros de una cárcel en pleno funcionamiento, quizá deba considerarse la posibilidad de facilitar el acceso de historiadores. 


 La instantánea de principios del siglo XX recoge las mismas terrazas de los antiguos viñedos que hoy en día observamos, por ejemplo, en torno al Polvorín del Dueso. Sólo el crecimiento urbano del barrio santoñés y la invasión vegetal parecen diferenciar estas dos imágenes separadas por más de una centuria.



 Los tramos del cierre amurallado en mejor estado (sin contar con algunos segmentos sitos en el interior del penal) se sitúan al pie de la Batería de la Cueva.


 Los temporales y mareas de casi doscientos años son un enemigo imbatible. Recios muros de notable grosor van sucumbiendo día tras día. Primero se fragmentan en pedazos de varios metros de longitud. Luego caen desplomados y entonces las olas y el viento van disgregando las uniones de argamasa. En última instancia, los muros desaparecen dejando como testimonio una playa extrañamente sembrada de grandes piedras y sillarejos sueltos. La historia disgregándose, fundiéndose con los elementos naturales, pasando desapercibida hasta desaparecer.



 Esta fotografía fue tomada a primeros de noviembre de 2010. Observamos un fragmento de muro aislado, aún en pie, sillarejos en la cara frontal y piedras y escombro unidos por argamasa conformando el grosor del muro. Justo diez días después (tras dos noches especialmente intensas de temporales) nos sorprendimos al comprobar que el cantábrico había sido capaz de desplazar esta estructura unos 10 metros playa adentro (ver foto siguiente).
 Si caminamos por la playa desde la zona de barbacoas (en la trasera del cementerio) y prestamos atención descubrimos que el arenal pegado a la base del cementerio está surcado por innumerables cantos sueltos, secciones de muro caídos y aún sujetos por argamasa, bloques pétreos separados por completo. Todo son restos de la fortaleza. Podemos extender la excursión hasta unos metros más allá del camping y de pronto veremos que la presencia de piedras cesa repentinamente. Hasta ahí llegaba el recinto exterior, o bajo, del Fort Imperial en su frente norte.


 Segmento de muro desplazado por el oleaje en cuestión de horas.


 Citamos esta línea de piedras en el entorno del camposanto santoñés, aunque no estamos seguros de que se corresponda con la línea defensiva exterior del fuerte.


 Muros de piedra seca que cerraban el flanco norte de la fortaleza y venían a unirse con el perímetro amurallado de la Batería de la Cueva (foto siguiente).



 Al ascender la cuesta del Dueso encontramos más restos de la escarpa, incluyendo vestigios del revestimiento de piedra seca (este punto se refleja en azul en el plano militar a continuación).


 Estos sillares perfectamente labrados y acoplados marcan la posición del foso y puente levadizo que en este punto formaban el acceso al recinto fortificado (en rojo en el plano siguiente).



 Las escarpas orientadas al norte son las mejor conservadas al no haber sido afectadas por las obras del presidio a lo largo de las décadas. Nada mejor que echar un vistazo al plano militar siguiente para comprender la disposición de lo que hoy vemos como simples elevaciones del terreno con una peculiar forma angular o de brazo de estrella.



 En amarillo representamos el área de la anterior fotografía. Se trata de los límites del recinto alto del Fuerte Imperial en su frente norte, o "de la Serna", el cual nunca fue recubierto de piedra a diferencia de los restantes frentes.
-------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------Datos históricos de esta entrada:
Un presidio Ynconquistable, R. Palacio, 2004 (de esta obra hemos sacado también los planos históricos y la fotografía del Dueso a principios del siglo XX)
Santoña y sus épocas, Mariano de Ferrer Bravo, 1910

Plano francés de 1813 facilitado por un defensor de la historia santoñesa.

Fotografías del Centro Penitenciario el Dueso sacadas de la obra que conmemoró en 2007 el centenario de la institución.
-------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------




Próximo Capítulo de Historia...
Cap. 4. BATERÍA DE LA CUEVA.