viernes, agosto 27, 2010

UN MUY TRISTE BICENTENARIO: BATERÍA DE LA CUEVA

 En unos meses la Batería de la Cueva cumple 200 años. Su agonía se ha convertido a estas alturas del siglo XXI en un "entre todos la mataron y ella sola se murió". Suele pasar cuando no existe sensibilidad, ni ciudadana, ni política. Historia olvidada y pisoteada.
 Uno se pregunta cómo es posible el olvido y cómo es posible hablar de Parque Cultural Monte Buciero. La cultura no se ha asomado aún por aquí desde que Napoleón propusiese el emplazamiento de esta fortificación. Su realidad penosa ha sido repetidamente denunciada por Buciero, vida salvaje. También se interpuso denuncia dirigida al Servicio de Patrimonio y Dirección General de Cultura en el mes de junio. La ley es clara y tajante al hablar de la urgencia con la que el ciudadano ha de poner en conocimiento de los órganos competentes cualquier amenaza sobre el patrimonio. Aquí no hay amenaza, hay extremaunción. Sin embargo, la respuesta de estos órganos del Gobierno de Cantabria no está siendo tan urgente.
 La denuncia se planteó de igual manera en el registro de entrada del Ayuntamiento de Santoña, responsable de su protección en virtud del artículo 6 de la Ley de Patrimonio Cultural de Cantabria. El titular, el penal de El Dueso, sí contestó al día siguiente de aparecer la noticia en prensa con una serie de medidas bienintencionadas, pero a todas luces insuficientes. Se cortó por fin el acceso de vehículos. Como el barracón se cae y se halla convertido en un masivo retrete y vertedero, considero necesario redoblar el llamamiento a la acción. Sabemos que son tiempos de crisis. No hay crisis para algunas obras megalomaniacas que seguramente podrían haber esperado (parque, por citar un ejemplo, aunque ésa es otra historia), pero sí hay crisis para impedir que se caiga un techo de un inmueble protegido que resume la historia de todos. Hay crisis para preocuparse un poco y apuntalar la techumbre y cortar de raíz, con medidas serias, las actividades salvajes sobre este pedazo de historia. Más allá de la acción por parte de la administración local, es evidente que la autonómica debe implicarse de una vez en la protección del patrimonio santoñés. Lo exige la importancia histórica de estos inmuebles y su proyección de futuro. El patrimonio cultural del Monte Buciero será algún día un referente a nivel nacional, si bien echándole un vistazo a la Batería de la Cueva cuesta imaginarlo.

 Ante la falta de reacción de los órganos regionales, la semana entrante la denuncia será interpuesta solicitando la apertura de un expediente sancionador.  Hay silencios que matan al patrimonio. Un ciudadano pone en conocimiento de las autoridades la realidad de este inmueble protegido (tanto como la Iglesia de Sta. María de Puerto, para entendernos) y se extiende un silencio significativo desde los despachos. El único modo de salvaguardar el futuro del inmueble es que cambie la inacción administrativa.
 Ya se hablará de una restauración a largo plazo. Ahora es urgente, muy urgente, que se paralicen las agresiones sobre el inmueble, que se impida el inminente colapso del edificio del alojamiento, que se corte la actividad de los defecadores patrimoniales, que se proteja lo que les queda a los grabados navales. Stop. Un cartelito de peligro no impide ninguna caída de techo y no va a impedir que éste se venga abajo sobre el próximo que tenga un apretón ventral.
 Como ya se me han acabado las palabras para hablar de la situación de la Batería de la Cueva, lo mejor será recordar cuál es su estado a día de hoy. Fotografías tomadas esta semana. El verano ha sido un espléndido momento para que el índice de excrementos y agresiones varias se dispare. La frase "me cago en la cultura" nunca fue más certera. Pido disculpas al lector por las referencias escatológicas, téngase en cuenta que no hago más que describir la realidad.


Haciendo click sobre la fotos tendrás más detalle, si fuese necesario.



Abrevadero acoplado cuando la batería fue okupada para uso agropecuario.




Raíles ferroviarios adquiridos por la corporación santoñesa en 1864 y empleados entonces para sostener la techumbre. Ni una de las traviesas llega de pared a pared.




El espacio destinado a cocina perdió toda su techumbre hace tiempo.





Debajo de este campo minado, a unos veinte centímetros, se encuentra la plataforma que hace 199 años daba asiento a la artillería que servía a la fortificación.


 Al final de la senda observamos la hilera de piedras que el titular del inmueble colocó a finales de junio. A todas luces es una medida insuficiente para proteger la batería, aparte de que las piedras corresponden al yacimiento arqueológico, hecho éste sancionado gravemente en la Ley de Patrimonio Cultural de Cantabria.

 Buciero, vida salvaje ruega sensibilidad con la Batería de la Cueva. El inmueble tiene una proyección de futuro que estamos desaprovechando. Es un mirador espectacular. Parte de la historia de Santoña se explicaría perfectamente desde estas piedras, aunque resulta evidente que no es momento de hablar de futuro. Hay que hablar de presente y la batería pide a gritos acción.