jueves, junio 17, 2010

MANUAL PARA CARGARSE EL PATRIMONIO HISTÓRICO: LA OBSESIÓN RESTAURADORA

 Ya hemos hablado de los dos horizontes que tienen ante sí las fortificaciones del Monte Buciero. Por un lado, el abandono, la omisión en el deber de protección y defensa del inmueble que pesa sobre el titular y la administración local. Por este camino transitan...
1 la Batería de la Cueva (a un paso del colapso, retrete, vertedero, aparcamiento).
2 el Polvorín del Dueso (clausurado esta semana y vertedero público hasta hace veinte días, estado de ruina).
3 el Polvorín y el cuerpo de guardia del Helechal (establo para ganado).
4 Fuerte de San Carlos (graffiti, retrete, aparcamiento, fiestódromo, vertedero, estalactitas, losas robadas).
5 la Batería del Águila (graffiti, cercado para ganado invadiendo su espacio).
6 la Batería de Galbanes (somieres cortando el paso entre plataformas, graffitis aparecidos a la semana de la reinauguración, estructura rural que desvirtúa Galbanes Alto e impide su visita).

 Luego está la otra opción.  Las fortificaciones caen en manos de un afán restaurador poco medido, no dudamos que muy bien intencionado, pero poco medido y mal asesorado. Es innegable el acierto de crear empleo con estas operaciones restauradoras y de realizarlas a través de la Escuela Taller. Otro asunto es tener en cuenta el valor del edificio. La Ley de Patrimonio debiera ser el primer plano a leer antes de iniciar una restauración. A este respecto, el panorama es desalentador. Considero muy necesario hacer esta llamada de atención acerca del riesgo de terminar cargándose todas las fortificaciones. Una restauración no asesorada por especialistas (como impone la ley y el sentido común) condena a estos lugares a ser mamotretos sin gracia ninguna, repintados y aislados térmicamente, pero con la historia enterrada bajo actuaciones desafortunadas. Todo el poder evocador de estas piedras se pierde cuando dejan de verse como lo que son, estructuras militares del siglo XVIII y XIX, y entran los albañiles y canteros sin contar con el imprescindible asesoramiento. En esta segunda vía nos encontramos...
1 el Fuerte del Mazo (ya rehabilitado sin miramiento a la esencia del edificio y pendiente de una nueva restauración de lo ya hiper-restaurado).
2 el Fuerte de San Martín (emblema del conjunto patrimonial, razonablemente restaurado pese a varias notas disonantes -las letras gigantescas que cubren media pared del cuerpo de guardia, la sobre-restauración del interior, además está pendiente de que se instale a medio plazo un hotel en su interior).
3 la Batería Alta de San Martín (inmersa en la segunda fase de su restauración).

 Lo que planteo es lo siguiente: entre el abandono absoluto y la restauración ilimitada existe un punto medio. Es el punto medio que exige y demanda la Ley de Patrimonio Cultural de Cantabria. Como no les quiero cansar citando artículos, aquí tienen el texto correspondiente. Si no disponen de mucho tiempo, lean al menos el artículo 53. Ninguno de sus madatos ha sido tenido en cuenta a la hora de restaurar un solo inmueble histórico en el Monte Buciero. El asunto no es menor. No seguir la ley, cuando hablamos de una construcción histórica, garantiza fortificaciones despojadas de su valor fundamental. 



 El punto medio del que hablamos es éste: actuaciones estructurales que aseguren la solidez de los inmuebles, respeto estricto de las mamposterías y sillares originales, procesos de colapso anulados con las pertinentes actuaciones arquitectónicas, limpieza y adecentamiento, dignidad, protección continuada. También deben conseguirse piezas de artillería, originales o réplicas, para que el visitante pueda visualizar más aún el sentido del lugar y el eco de la historia. Un edificio histórico en ruina (siempre que no sea una cochambre maloliente a punto de caerse sobre la cabeza del visitante), y un edificio histórico restaurado acertadamente, conservan su esencia y demandan un esfuerzo de imaginación. Un edificio histórico rehabilitado compulsivamente, y sin atender ni a la ley ni a la historia, termina perdiendo todo su encanto y no ayuda a imaginar nada...
 Para explicarlo mejor, vayamos a la Batería Alta de San Martín...



 foto aparecida en La revista de Cantabria en el año 2005.

 Estas dos fotos de no muy buena calidad son lo único que hemos encontrado por la red. Sirven para hacernos una idea del estado de la Batería Alta de San Martín antes de las reformas. Observamos inmuebles maltratados por el tiempo, muros de mampostería avejentados, maleza. Por lo demás, es evidente que este Bien de Interés Cultural con categoría de Monumento y Protección singular grado I en el PGOU de Santoña parecía estar reclamando un cuidado y una restauración.
 A mediados de los años noventa el Ayuntamiento pone sus ojos en el lugar. Empieza el despropósito. El acondicionamiento no tuvo en cuenta las características esenciales del bien. Los revestimientos empezaron a eliminar la historia. La operación se completó con una larga zanja para canalizaciones de agua y electricidad que se llevó por delante el yacimiento arqueológico. La zanja puede visualizarse aquí...


 La Batería Alta de San Martín entró en el siglo XXI renqueante y maltratada por los planes de remodelación. Ésa es la palabra clave. No es cuestión de remodelar. Nadie remodelaría una catedral, para hacerla más confortable y puesta al día, si con ello ha de llevarse por delante los muros. Estas fortificaciones han de tener el mismo respeto si no queremos cargarnos su esencia y significado.  Y en atención al reconocimiento legal que ostentan. Es una idea simple que ojalá se termine de comprender por parte de los gestores municipales:
1 Asesoramiento de especialistas/2  Ley de Patrimonio/ 3 Restauración estrictamente respetuosa del bien histórico.
 No es conveniente mantener este tipo de restauraciones propias de Atila, arrasar con el pasado a golpe de paleta y brocha, contemplar los restos de la historia como vulgares pedruscos que merecen ser devorados por un plan de actuación redactado sin rigor, ni respeto. 
 Finalmente, en 2008 llegó un ambicioso (en el peor sentido de la palabra) plan de restauración. La segunda fase se sigue llevando a cabo hoy en día con un presupuesto de 393.426,28€.  La operación se salda con la destrucción definitiva de las características esenciales del conjunto. Ni más ni menos. Los muros de mampostería originales no han sido restaurados, cuidados, protegidos. Han sido "saneados". El concepto "sanear" es para echarse a temblar y simboliza lo equivocado de esta restauración. "Sanear" es la palabra que se utiliza en el propio plan de la actuación. Los muros originales se consideraron aptos para ser recubiertos con aislante térmico, luego se lució y pintó. Adiós historia, evocación y ley de patrimonio: todo de un brochazo. De igual modo,  se trabaja para dotar a los diferentes alojamientos de la batería de instalaciones de electricidad, televisión, teléfono e internet, también fontanería. Doy fe de que no es broma.  Seamos claros, hay   que aplaudir la intención que seguro impulsó estos planes de restauración: crear empleo, formar en diferentes oficios, recuperar un espacio de enorme valor histórico. Dicho esto, considero muy importante destacar el erróneo planteamiento. Creo que ha quedado suficientemente explicado. El lector cuenta con los datos y con la ley de patrimonio y puede sacar su propia conclusión.
 No es deseable que una intervención de este tipo vuelva a ocurrir. Es necesario reclamar transparencia en la restauración detenida del Mazo. Es inevitable un futuro en que San Carlos, La Cueva, El Helechal, Polvorín del Dueso, sean recuperados con estrictos criterios. Atendiendo a la historia. Leyendo la ley.
 Como hemos intentado transmitir un sinfín de veces, todas estas piedras hablan por sí solas. En adelante, no nos las carguemos.
 También está el tema del "uso". Qué utilidad damos al inmueble. Si los criterios de restauración son serios, nadie se puede oponer a que, por ejemplo, el Polvorín del Dueso pase a ser en el futuro...qué se yo...una sala de exposición. Sin embargo, hay que incidir en que todas estas fortificaciones poseen atractivo por sí mismas. Sólo piden restauraciones hechas desde el respeto. Después de eso, dar a conocer su historia. Mostrarle al visitante los grabados navales y protegerlos. Contar de un modo ameno lo sucedido sobre esas piedras. Explicar, al pie de un cañón, el modo en que Santoña fue fortificada durante los siglos. Explicar desde la Batería de la Cueva la entrada de ochocientos hombres del ejército napoleónico desde las playas de Noja y contar el día a día de las tropas destinadas en la Atalaya o El Águila. No es buena idea aspirar a convertir todos estos lugares en oficinas modernas con suelo de parquet y todas las comodidades tecnológicas. No es buena idea. Son construcciones militares. Son en su mayoría Bienes de Interés Cultural. El esfuerzo de cientos de santoñeses levantó el Mazo a instancias de los ingenieros napoleónicos. Es sólo un ejemplo. Por favor, adquieran conciencia de ello.




Sin duda el esfuerzo restaurador es encomiable y ha empleado grandes recursos humanos y presupuestarios, pero esto es lo que sucede cuando se "sanea" un edificio histórico, que deja de serlo.


 Espero, con humildad, haber incitado a la reflexión y ruego que ni una sola fortificación más vuelva a ser restaurada sin criterio histórico. Que los especialistas en historia hablen antes que los albañiles es fundamental si queremos conservar el pasado. No vendría nada mal hacer un esfuerzo generalizado por acercarse a la historia de las fortificaciones. Sin duda, eso ayudaría a mejorar mucho el enfoque de las restauraciones venideras.

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